FESTIVAL DE MUSICA RELIGIOSA DE POPAYAN

LUNES SANTO, ABRIL 6 DE 2009

Teatro Municipal “Guillermo Valencia”

EXTEMPORE – MÚSICA BARROCA (COLOMBIA)

5:30 p.m.

Entrada Libre

 

PROGRAMA

 

La vida

 

Sonata 1 Op. 4 No.1:

Preludio (Largo)

Corrente (Allegro-Adagio)

Allemanda (Presto)

 

ARCANGELLO CORELLI

(1653-1713)

Sonata “La Rosetta”:

Allegro

Adagio

Presto

Adagio

 

GIOVANNI LEGRENZI

(1626-1690)

La alegría ruidosa

 

Sonata en La menor:

Allegro

Adagio

Allegro

Largo

Prestissimo

Largo

Prestissimo

 

GIOVANNI BATTISTA BASSANI

(ca.1657-1716)

Canzon a doi Basso e Soprano

BARTOLOMEO DE SELMA Y SALAVERDE

(ca.1580-ca.1638)

 

 INTERMEDIO

En la cima de la colina

 

Trio Sonata en Sol menor:

Adagio

Allegro

Andante

Presto assai

 

JOHAN HELMICH ROMAN

(1694-1758)

Preludio No. 2

L’art de toucher le clavecin

FRANÇOIS COUPERIN

(1668-1733)

 

Suite en Re menor:

Prelude

Allemanda (Gai)

Sarabande (Lentement)

Gigue

Menuet

Menuet en Rondeau

Passacaille (Tendrement)

 

LOUIS - ANTOINE DORNEL

(ca.1685-ca.1733)

 

Conversación íntima con Dios

 

Ciacona

Adaptación de la Ciacona en Fa menor

para órgano

 

JOHANN PACHELBEL

(1653–1706)

 

La Esperanza…..

 

EXTEMPORE, agrupación barroca

Conformado en 2003, Extempore surge del interés en abordar el repertorio musical correspondiente al periodo Barroco (Siglos XVII y XVIII), de acuerdo a los parámetros interpretativos de la época. Actualmente es reconocido como uno de los grupos de música antigua más relevantes en Colombia debido a su calidad, profesionalismo y energía, además de una excelente aproximación a la interpretación estilística.

 La trayectoria de conciertos realizados por la agrupación incluye el XXXII Festival Internacional de la Cultura de Tunja, el Festival Música Antigua de Bogotá 2007 y presentaciones en el Auditorio del Centro de Convenciones de Compensar, el Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Biblioteca Germán Arciniegas (Villavicencio), el Auditorio Teresa Cuervo del Museo Nacional de Colombia, la Instalación de la Comisión Distrital para el Bicentenario de la Independencia de Colombia y la  Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, entre otros. En 2004 fue seleccionado con la máxima calificación en la convocatoria Ciclo de Música Antigua, abierta por el Instituto de Cultura y Turismo de Bogotá.

En 2008 fue invitado por la Universidad de Talca (Chile) para la realización de dos conciertos en Curicó y Talca, además de haber sido seleccionado para participar en el XL Festival Internacional Semanas Musicales de Frutillar, convirtiéndose en el primer grupo colombiano invitado en la historia de tan importante evento.

 

ANDRÉS MURILLO, violín barroco

Es licenciado en Pedagogía Musical con grado meritorio de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Inició sus estudios en la Escuela Superior de Música de Tunja. Es miembro fundador de la Banda Barroca la Folia de Bogotá y fue director de la misma durante un año. Se desempeñó como tallerista del grupo de música antigua del Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia. Ha recibido clases y talleres de interpretación de música barroca con los maestros Stanley Ritchie, Sigiswald Kuijken, Monica Huggett, Judy Tarling, Adrián Chamorro y Cosimo Stawiarsky. Además de dedicarse a la interpretación de la música antigua, enseña violín a niños en su escuela A la Cuerda a través del Método Suzuki, y es profesor certificado por la Suzuki Association of the Americas.

 

JUAN PABLO MURILLO, Violín barroco

Inició sus estudios en la Escuela Superior de Música de Tunja. Es licenciado en Pedagogía Musical de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Fue Presidente de la Asociación Suzuki de Colombia, es profesor de violín certificado por la Suzuki Association of the Americas, fundador de la escuela Suzuki A la Cuerda, miembro fundador de la Banda Barroca la Folia de Bogotá y fue integrante del grupo Canto, con el cual viajó a San Luís Potosí (México), para participar en el III Festival de Música Antigua. Participó en la grabación de los discos Al dichoso nacer de mi niño e Historia de la Música en Santafé y Bogotá 1538-1938, proyectos dirigidos por el maestro Egberto Bermúdez. Es tallerista en interpretación de música barroca en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia y ha participado en clases y talleres de interpretación de música barroca con los maestros Stanley Ritchie Sigiswald Kuijken, Monica Huggett, Judy Tarling, Adrián Chamorro y Cosimo Stawiarsky, de la Schola Cantorum Basiliensis.

 

GABRIEL GUZMÁN, violonchelo barroco

Inició sus estudios en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia con el maestro L. E. Molina. Realizó estudios de violonchelo en Italia con los maestros F. Pezzatini y A. Nannoni. Los continuó en la Scuola di Música di Fiesole con los maestros Lúea Fiorentini y Sandra Bacci. Es licenciado en teoría y solfeo del Conservatorio P. Mascagni di Livorno y licenciado en cultura musical general e historia de la música del Conservatorio Luigi Cherubini de Florencia. Ha recibido clases de música de cámara con los maestros Franco Rossi, M. Strauss y E. Goren. En Londres recibió el título de maestro en música en el Trinity College of Music. Fue primer violonchelo de la Orquesta Amadeus de Florencia y la Orquesta juvenil de Pistoia. Se ha desempeñado como violonchelista barroco en el Consort de Música Antigua Il Rosignolo. Es director y profesor de la Escuela de Música de Cámara de Bogotá.

 

ROBERTO RUBIO, clavecín

Músico teórico y compositor de la Universidad de los Andes. Realizó sus estudios de clavecín y bajo continuo con el maestro Patrick Ayrton en Ámsterdam. Ha participado en cursos de interpretación de música antigua con Lars Ulrik Mortensen y John Holloway, el Combattimento Consort de Ámsterdam, The Purcell Quartet, el Ensamble Aglaia, Florilegium, el Kuijken Trío y Elizabeth Wright, entre otros. Es fundador y director de Arcanus Ensamble y es clavecinista de la agrupación Musica Ficta. Complementariamente a su labor como intérprete, director y compositor, se ha desempeñado como docente de la Universidad Pedagógica Nacional, la Academia Superior de Artes de Bogotá ASAB, la Universidad de los Andes y la Universidad Nacional de Colombia.

 

NOTAS AL PROGRAMA

Por: Jaime Cortés (cedidas por el Banco de la República)

Afectos  y música

¿Qué hay de común entre Corelli, Legrenzi, Bassani, de Selma y Salaverde, Couperin, Roman, Dornel y Pachelbel? Aunque todos pueden agruparse en el periodo barroco, a Corelli y de Selma y Salaverde los separa casi un siglo de música, a Legrenzi y Couperin dos estilos musicales con al menos una generación completa de por medio, y a Roman del resto de compositores el hecho de haber sido un músico sueco y avanzar en el estilo galante a mediados del siglo XVIII. A pesar de estas diferencias sería difícil negar que la creación y apreciación de sus obras ha estado hilvanada por una de las preocupaciones más apasionantes y polémicas en la historia de la música: la retórica musical entendida como la aspiración por una teoría que pretendía fijar correspondencias entre música y afectos.

Las formulaciones de una retórica musical estuvieron inspiradas en lo que se conoce como la doctrina de los afectos, cuyas versiones originales en autores griegos como Aristóteles y Cicerón encontraron actualizaciones y adaptaciones sucesivas a la música con teóricos del siglo XVI y especialmente en los siglos XVII y XVIII con Werckmeister, Mattheson, Marpurg, Scheibe y Quantz. El propósito era usar el mismo principio básico de la retórica y la oratoria, a saber, la codificación de ciertas figuras o recursos para “adornar” el discurso y así conmover y dirigir las emociones de la audiencia. Los músicos podrían, entonces, cumplir un rol análogo al de los oradores, y mediante el uso de recursos musicales (escalas, ritmos, estructuras armónicas, registros, etc.) generar afectos concretos. Estos afectos eran entendidos como una abstracción idealizada de estados emocionales: alegría, tristeza, ira, odio, amor, duda...

Las teorías de una retórica musical tuvieron incidencia tanto en la música vocal como en la instrumental. Sin embargo, hay una diferencia sustancial. En el repertorio vocal el contenido literario suele dictar el significado de la pieza musical. De allí que varios compositores hayan puesto la música al servicio del texto. El significado de la música estaba confinado al texto literario y las asociaciones que de allí se pudieran desprender. Pero cuando no hay palabras, ¿qué significados le atribuimos a la música?

Encontrar la respuesta era un asunto aparentemente sencillo. Si los elementos musicales encarnan afectos, tan sólo había que encontrar las respectivas correspondencias entre música y afectos para así obtener el código completo de figuras musicales que encerraban significados concretos. Esta parecía ser una verdad de Perogrullo. Sin embargo, luego de casi dos siglos no se obtuvo un código ni una teoría sino muchos códigos y varias teorías que no siempre fueron coincidentes ni complementarias entre sí.

A pesar de ello, sería necio desconocer que las múltiples retóricas musicales contribuyeron –y aún contribuyen– a enriquecer nuestra comprensión de la música. Es aquí justamente en donde se releva el sentido del concierto de hoy. Se nos presenta una interpretación de un repertorio a partir de una visión actual sobre elementos de retórica musical del pasado, que señalan el orden de las piezas escogidas y su significado. No hará falta la identificación de las figuras musicales para que el oyente se entere del trasfondo emotivo y musical que proponen los intérpretes. Todo lo que suceda en el escenario, música y palabras, orientará la apreciación del repertorio. Con ello se revive una vez más una forma de comprender la música, lejos de un criterio cronológico o de afinidad estilística, pero muy cerca de nuestro presente afectivo y poético. Así, podremos constatar cómo la serie unitaria de obras musicales que se nos ofrece no es casual sino parte, reflejo y representación de la vida misma.
 

 

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